lunes, 29 de junio de 2009

BREVE HISTORIA DE LA NACION DOMINICANA

Por: FRANCISCO BERROA UBIERA
HISTORIADOR

Blogalaxia



La isla de Haití fue bautizada por Cristóbal Colón con el nombre de "La Española" desde el arribo a sus costas noroccidentales en 5 de diciembre de 1492, y su historia ha sido intensa y extensa, en tanto constituye la historia del dominio metropolítico de España y de otras potencias europeas sobre un territorio habitado originalmente por sus nativos: los tainos de origen y lengua arahuaco, exterminados mediante un etnocidio que se implementó durante apenas medio siglo (1492-1542).

Durante el reinado de la dinastía de los Austria en suelo hispano (1517-1700) fueron constantes y frecuentes los enfrentamientos militares y diplomáticos entre galos e ibéricos.

Incluso la Isla quedó dividida en dos colonias desde la segunda mitad del siglo XVII (1655) al surgir la colonia francesa de Saint-Domingue, en el occidente, como resultado de un proceso de ocupación francesa iniciado en la isleta adyacente de La Tortuga hacia 1617, tras las despoblaciones que afectaron el norte y el oeste de la Isla entre 1605 y 1606, con sus fatales consecuencias a corto, mediano, y largo plazo.

En 1678 fue suscrito el tratado de Nimega por medio del cual Francia se posesiona del oeste insular, y con la firma del tratado de Ryswick en 1697 el territorio de la Isla comenzó a ser objeto de una disputa imperialista entre Francia y España, que siguió manifestándose hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando España recuperó por medio de una anexión la República Dominicana, proclamada estado nacional en 27 de febrero de 1844 por separación de la República negra de Haití, antes colonia francesa.

Una misma Isla sirvió de asiento a dos pueblos con orígenes culturales y socio-políticos distintos, aunque unidos, en cierta medida, por la etnicidad del africano.

Los haitianos y los dominicanos han compartido un mismo territorio insular, uno de los pocos territorios insulares del mundo dividido en dos estados, primero en forma de estados coloniales, y hoy con carácter de estados neocoloniales, y a pesar de las disparidades en cuanto a la cultura, la lengua, la religión y la psicología social, ambos pueblos están llamados a continuar conviviendo bajo un mismo territorio que en uno u otro momento se han disputado mutuamente.

La lucha entre las potencias coloniales por el dominio de la Isla fue constante, sin embargo, desde el siglo XVII el colonialismo español entra en una fase de declive, aún ese país lograse mantener sus extensos territorios en el continente americano, tanto en el Norte como en el Sur.

En más de una oportunidad fuerzas militares inglesas, holandesas y francesas le disputaron a España el dominio absoluto de los mares, archipiélagos y tierras continentales americanas. Por ello se debe reconocer que la firma en 1697 del tratado de Riswick fue el resultado de esta lucha que se manifestaba como una competencia militar entre potencias imperiales.

Poco a poco los británicos avanzaron realizando el asalto militar de Jamaica, y de parte de la actual Honduras (Belice), logrando establecer una suerte de equilibrio de fuerzas en toda la América Central.

El francés por su parte probó suerte en la colonización de las pequeñas Antillas de sotavento y en fin en la colonización caribeña. En ese contexto se inscribe el dominio del occidente de la isla de Santo Domingo en donde Francia creo una economía de plantación basada en la producción intensiva de la tierra, aparte de haberle dado al territorio un uso marítimo y estratégico, logrando desarrollar una colonia conocida como Saint-Domingue o Haití que se convirtió en muy poco tiempo en el territorio colonial con mayor capacidad productiva para su metropoli, Francia, en América y en el mundo.

Aunque todas las potencias europeas le envidiaban a los franceses su joya colonial que era Saint-Domingue, ellos la preservaron hasta principios del siglo XIX, perdiéndola a consecuencia de la influencia que ejerció en la Isla la ideología revolucionaria y antiesclavista inspirada en las ideas liberales de los revolucionarios jacobinos que dominaron el escenario francés desde la segunda mitad del siglo XVIII, el siglo de la luces.

La declaración de los Derechos del Hombre, la propagación en América de las ideas revolucionarias inspiradas por la revolución americana y la revolución francesa, el afán libertario de los esclavos africanos y criollos amargamente oprimidos en cafetales, platanales, algodonales y cañaverales, emergió como un sueño de libertad en la colonia por medio de la lucha de los mulatos (1790-1791) dirigidos por Vincent Ogé, lucha que continuó con la rebelión de los esclavos negros y mulatos comandados por Boukman --un sacerdote de voudou oriundo de Jamaica--, quien inicia en Bois Caiman en octubre de 1791 la rebelión de las masas de esclavos haitianos, lucha que se mantuvo hasta la obtención de la abolición de la esclavitud en 1793 ordenada por el directorio revolucionario de la República Francesa.

En Haití, la población esclava, aparte de hallarse oprimida, sufría constantes abusos, humillaciones, castigos y represalias, incluso los esclavos eran ejecutados de manera cruel y antojadiza.

Por ello, el odio contra los blancos franceses se fue haciendo uniforme y generalizado, no tan sólo porque habían secuestrado a sus esclavos en el continente africano, sino porque los habían empujado y enviado a través del océano Atlántico a un territorio lejano en donde el día comenzaba con el látigo que despierta al trabajador, y terminaba con el agotamiento físico y con el insulto.

Fueron estas las causas que fomentaron el odio de los esclavos negros contra los hombres blancos que los habían habían torturado y abusado, a ellos y a sus mujeres forzándolas al concubinato, y a los hombres sometiéndolos a latigazos al trabajo arduo y difícil de las plantaciones y de las fabricas, situación que condujo inexorablemente a un enfrentamiento social de la población negra de Santo-Domingue contra sus amos blancos.

Las imágenes y los escenarios de la revolución haitiana son variados e intensos: la ceremonia y el pacto del voudou sellados en Bois de Caimán por los partidarios de Boukman para luego llamar a la rebelión general de los esclavos, que a su vez provocaron las intervenciones militares de fuerzas extranjeras: Británicas y españolas; y la posterior asunción de las figuras de lideres carismáticos: Biasseau, Jean Francois, y Francois Dominique Toussaint (a) Louverture, quien con su ascenso y liderazgo a toda prueba demostró ser el mas sagaz de los jefes negros, siendo capaz de aliarse a España para enfrentar a Francia, y luego, al conocer sobre la abolición de la esclavitud, fue capaz de cambiar su lealtad hacia España para ponerse al servicio de Francia, comandando con gran eficacia su ejército integrado por muchos negros, mulatos y algunos blancos, logrando derrotar la expedición inglesa de Pitt y
Dundas, y declarando la autonomía de la República Francesa en 1800.

Luego Toussaint debió lidiar con el problema derivado de la invasión francesa enviada por Napoleón bajo el mando del general Leclerc a fines de 1801, sobre la cual dijo: “toda la Francia ha venido a invadirnos”; traicionado fue apresado y deportado, muriendo encadenado y tísico en Fort-de-Joux en los Alpes francos, quedando la revolución comandada por sus lugartenientes Jean-Jacques Dessalines, Henri (Henrio) Christophe, y Alexander Petión.

Haití logra su independencia contra Francia en 30 de noviembre de 1803, y el 1 de enero de 1804 se organiza el Estado Haitiano. La parte Este de la Isla, que luego se convierte en la República Dominicana, se mantuvo bajo el dominio de Francia desde 1802 hasta 1808, logrando separarse de la República Francesa por medio de una guerra contra los francos concluida a mediados de 1809, cayendo por segunda vez bajo el dominio colonial español de 1809 a 1821, y el 1 de diciembre de 1821 don José Núñez de Cáceres proclama la primera independencia dominicana de forma efímera.

Iniciándose desde febrero de 1822 una dominación haitiana se prolongó hasta 1844.

Por ello, la lucha por la independencia de los dominicanos se produjo como respuesta a la anexión hecha por el estado haitiano bajo el liderazgo de Jean Pierre Boyer.

Por su parte, de 1804 a 1806, la República de Haití fue conducida por Dessalines quien fue victimado por grupos militares bajo su mando, quedando Haití dividido en dos estados, experimentando la división racial y política, entre las fuerzas de
Christophe y Petión, el primero se coronó emperador en el norte, y el segundo jefe supremo del sur.

Para el momento en que se verifica la conquista de la parte este de la Isla por parte de los haitianos (territorio denominado luego República Dominicana), la República de Haití había sido reunificada por el presidente Boyer, quien logra estabilizar el estado haitiano.

El norte de la política de Boyer fue la unificación sobre la base de una administración centralizada y militarista, y en cierta medida mantuvo la
Isla aislada del escenario internacional, tanto en el orden económico-
comercial como desde el punto de vista político.

Ello se debió a que muchas naciones temieron vincularse a los haitianos porque resentían la existencia de una república negra o temieron una sublevación similar en
sus propias regiones en las cuales la esclavitud estaba vigente al ser territorios poseídos por las potencias coloniales europeas, y en otros casos se trataba de países donde predominaba la esclavitud.

Desde su nacimiento la sociedad haitiana fue una sociedad empobrecida, gobernada por militares a punta de bayonetas, y controlada por una pequeña burocracia integrada principalmente por los mulatos.

Producida la independencia Haití era un país con un pueblo salido de la esclavitud, sin preparación para el ejercicio democrático pero constituido sin lugar a didas en una nación independiente, situación que se fortalece a causa del aislamiento del estado haitiano durante el período de la post-independencia que aseguró la exclusión de las influencias de las ideas liberales que pudieron haber conducido al país por una trayectoria algo diversa de lo que ha sido su desarrollo político y económico.

De la misma manera, sin embargo, puede decirse que los gobiernos occidentales de aquella época, e incluso los del siglo XX temprano, fueron incapaces de ocuparse de una república negra sobre la base de la igualdad.

La ocupación de Estados Unidos sobre Haití (1915-34), aportó muy poco a la cultura política y a las instituciones del país, en parte porque los americanos vieron a los haitianos como primitivos, y los consideraron un pueblo de negros, tratándoles como tales.

Las dos naciones que hoy ocupan la isla de Santo Domingo se han mantenido bajo el régimen del caudillismo desde los días de sus respectivos nacimientos como estados. Hasta ahora la democracia sobre bases constitucionales firmes ha tenido muy poco espacio en estos dos países.

Quizás es esta semejanza en cultura política de los dos estados lo que ayuda a explicar los paralelos cronológicamente escalonados entre los regímenes brutales de Rafael Leonidas Trujillo Molina (1930-61) en la República Dominicana y la de los Duvalier--Francois Duvalier (1957-71) y su hijo, Jean-Claude Duvalier (1971-86)- en Haití.

Ambos regímenes duraron por aproximadamente treinta años; ambos fueron dirigidos por dictadores despóticos que crearon regímenes autoritarios fundados en el terrorismo de estado y en la represión política brutal, suprimiendo la disensión; ambos provocaron la ira de una comunidad internacional que fue incapaz de frenarlos en el
momento oportuno; ambos condujeron a sus pueblos al caos político y hacia los conflictos armados internos después de desaparecidas las tiranías.

Así como ocurrió en la Republica Dominicana tras la muerte de Trujillo, que el país cayó en un desgobierno que en cierta medida aún se mantiene, en el caso haitiano la inestabilidad tras la caída de la dictadura de los Duvalier ha caído en un desgobierno ingravitacional y anárquico propio de una sociedad en camino hacia la desintegración de todas sus instituciones, que exhibe un desbalance social propio de una sociedad muy polarizada desde el punto de vista socio-económico y político, y lamentablemente todavía en el nuevo milenio sus problemas parecen insolubles.

Volveremos sobre el tema.

No hay comentarios: