viernes, 7 de agosto de 2009

La Muerte de Francisco Sánchez del Rosario







Blogalaxia


Por: Francisco Berroa Ubiera
Historiador
El monumento de la fotografia que encabeza esta noticia histórica presenta el lugar en donde fue fusilado nuestro héroe nacional, el general Francisco Sánchez del Rosario, quien cayó abatido a balazos por órdenes del general Pedro Santana en cuatro de julio de 1861.

Ese importante monumento fue construido por iniciativa de la Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas Dominicanas en el año 2007, siendo el Ministro de los cuarteles el pundonoroso militar mayor general E.N. Ramón Antonio Aquino García a quien dedico este articulo por su iniciativa patriótica, y en él a todos los hombres de uniforme.

La causa principal de su muerte fue su entereza patriótica. Cuando el 18 de marzo de 1861 se produjo la anexión a España, casi de inmediato comenzaron las protestas antianexionistas.

Sobre esta desacertada decision de Santana, el agente y aventurero norteamericano general William Cazneau le escribió un informe al secretario Black de Estados Unidos comentándole que: "Cuatro quintas partes de los dominicanos sin distinción de clase o de color están aturdidos ante la perspectiva de volver bajo el yugo de España."

A este justificado aturdimiento de los dominicanos siguieron las protestas contra la anexión: externas e internas, cívicas y armadas.

Desde Sudamérica protestaron Chile, Ecuador y Bolivia (1861); y desde Saint Thomas, entonces posesión colonial danesa elevaron su voz de repudio los generales Francisco del Rosario Sánchez y José María Cabral (antes y después de consumada la anexión), quienes al enterarse de que la incorporación a España era un hecho, expresaron de inmediato que "Pedro Santana, el tirano de Santo Domingo...después de estar explotando y tiranizando la República Dominicana por 17 años procedía a eliminar su independencia en favor de una potencia extranjera."

Los patriotas viajaron a Haití, y constituyeron en el vecino país una junta revolucionaria formada por los señores Manuel María Gautier, Valentín Ramírez, José María Cabral, Damián Báez, Pedro Alejandrino Pina, Domingo García, Francisco Saviñón, y otros.

Un poco después protestó enérgicamente el general Fabré Geffrard, presidente de Haití, Estado que veía amenazada su soberanía, causando su protesta que una poderosa escuadra de la marina española comandada por el Almirante Rubalcava se destacara frente a Puerto Príncipe, exigiéndole a Geffrard una indemnización de 200,000 pesos fuertes; un saludo a la bandera española de 21 cañonazos; el control de la frontera con el Este de la Isla, y, que se impidiera mediante la censura gubernamental que la prensa haitiana se ocupara de la cuestión de Santo Domingo, todo lo cual fue aceptado por el gobernante haitiano.

En el plano interno, aparte de las declaraciones antianexionistas, hubo conatos de
rebelión en San Francisco de Macorís (marzo de 1861), en Moca (mayo de 1861), así como en otras localidades.

La aceptación formal de la anexión de Santo Domingo a España se produjo por medio de un Real Decreto dado en Madrid en 19 de mayo de 1861, siendo Santana congratulado personalmente por la Reina Isabel II por medio de una carta firmada en el Palacio de Madrid en 26 de mayo de 1861.

Esta reincorporación daría lugar a la gesta de restauración, entendida como nuestra segunda guerra de liberación nacional, cuyo embrión fue la protesta de la villa de San Francisco de Macorís, encabezada por don Manuel Rojas acompañado de unos 50 patriotas, quienes hicieron descender la bandera española para elevar de nuevo a su sitial glorioso el pabellón dominicano, en 23 de marzo de 1861.

La lucha continuó en Puerto Plata, y se elevó con la voz de la Iglesia, con la protesta que hizo el Padre Meriño en una misa Tedéum que pronunció en la Catedral de Santo Domingo, durante la cual, el ministro de Dios le enrostró a Santana que "el patriotismo era la primera de las virtudes cívicas, es la base de la estabilidad y progreso de los pueblos."

Prosiguió en 2 de mayo de 1861 con el movimiento de José Contreras, José María Rodríguez, José Inocencio Reyes y Cayetano Germosén en la villa de Moca, que tenía una población estimada en 20,000 habitantes. Capturados los insurrectos, el coronel independentista José Contreras, viejo y ciego, fue fusilado por disposición expresa de Santana.

La lucha se enalteció en mayo de 1861, cuando el prócer Francisco Sánchez del Rosario, procedente de Haití, y poco antes en Saint Thomas, con un pequeño grupo de 500 patriotas intentó insurreccionar todo el Sudoeste. Sánchez ingreso al país en mayo de 1861 y sus fuerzas las dividió en tres columnas: Una dirigida por él que se dirigió al Cercado, otra por Fernando Tabera con destino a Neyba, población de 10,000 habitantes que fue rápidamente controlada por los rebeldes, y la comandada por Cabral se dirigió a Las Matas de Farfán, con 2,000 pobladores, siendo el propósito de los expedicionarios tomar el control de San Juan, y luego de todo el sudoeste.

Cuando ingresó al país, que antes se había independizado de Haití, el patriota dijo: "Mas, si la maledicencia buscare pretextos para mancillar mi conducta, responderéis a cualquier cargo diciendo en alta voz, aunque sin jactancia que yo soy la bandera nacional". Traicionado, y sometido a un cerco militar, fue herido, y antes de escapar en la grupa del caballo de Timoteo Ogando, prefirió permanecer al lado de sus hombres, siendo capturado en la loma de Juan Santiago en el trillo que conduce desde Hondo Valle al vecino Haití, fusilado con 21 de ellos en 4 de julio de 1861, entre los cuales se encontraban Manuel Baldemora, Julián Morris, Benigno del Castillo, Gabino Simonó Guante, Domingo Piñeyro Boscán, Félix Mota, Francisco Martínez, José de Jesús Paredes, Rudescindo de León, Juan Erazo, José Antonio Figueroa, Pedro Zorrilla, Juan Dragón, León García, José Corporan, Epifanio Jiménez, Luciano Solís, Juan de la Cruz, Gregorio Rincón, entre otros valientes dominicanos.

Cuenta la historia oral de los sanjuaneros que el gobernador español general Pedro Santana envió a San Juan de la Maguana al general Antonio Abad Alfau Bustamante para garantizar y dirigir el fusilamiento del general Francisco Sánchez, quien fue juzgado con sus compañeros en la Plaza de Armas, y luego de la condena sumaria a la pena de muerte todos fueron traladados al cementerio municipal siendo fusilados al pie del árbol de guázuma que ilustra la foto.

Se sabe que el general Sánchez -herido de bala en los muslos- fue trasladado sobre una mecedora, cargado, y que al momento de ser acribillado -envuelto en la bandera nacional- cayó de bruces al suelo, y en ese momento el general Alfau Bustamante -blanco y rubio pero cruel- se acercó al patriota que convulsionaba, pateándolo lo coloca bocarriba, y colocándole una de sus botas sobre su nariz le dijo con extremada crueldad: "Riete ahora negrito parejero".

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