jueves, 20 de diciembre de 2012

Román Baldorioty de Castro en Santo Domingo

Por:  Francisco M. Berroa Ubiera
Historiador




Me acerqué un día a la puerta del sabio para extasiarme en sus palabras; tuve un día hambre de doctrina y sed de principios, y comí el pan de aquel que tenia cestos y apagué la sed donde aquel bebía, y cuando sentí frio en el corazón fui a calentarme junto al brasero en que se había templado aquella alma superior; y experimenté anhelos, alenté aspiraciones, acaricié sueños de porvenir y corrí anhelante a confundirlos con los sueños del espíritu vigoroso”.
Federico Henríquez y Carvajal refriéndose a su maestro don Román Baldorioty de Castro.

Uno de los grandes borinqueños radicado temporalmente en suelo quisqueyano durante la segunda mitad del siglo XIX fue don Román Baldorioty de Castro, y, en su honor le fue dado su nombre al liceo secundario de la ciudad de Azua, población sureña en la cual don Román Baldorioty se radicó por cierto tiempo durante su estadía en nuestro país, la cual aprovechó para difundir sus conocimientos entre los dominicanos al dedicarlos a la enseñanza formal.
Muchos dominicanos y puertorriqueños desconocen que tanto Román Baldorioty de Castro como el doctor Ramón Emeterio Betances eran hijos de padres dominicanos, y que ambos desempeñaron un importante papel para el logro de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico en 1873, quienes además vivieron exiliados en nuestro país, haciendo significativos aportes al desarrollo de las ciencias naturales y formales.
Baldorioty, ese excepcional ser humano nacido en Puerto Rico, enseñó en nuestro país ciencias naturales (botánica), matemáticas, ciencias marinas y náuticas, siendo además un diestro periodista, fundador de varios periódicos en su tierra natal, practicante de una oratoria de cenáculo, dueño de un verbo fácil, y en fin un hombre cumbre nacido en las alturas de Cayey, Puerto Rico, en marzo de 1822 –aunque erróneamente se creía nacido en Guaynabo en 28 de febrero de 1823-.
Creció y vivió con su madre, la humilde lavandera María Baldorioty, con el apoyo entusiasta de su tío y protector don Julián Baldorioty, en el barrio de La Marina del Viejo San Juan, siendo educado por el “Santo Rafael” como llamara José Martí al eminente maestro Rafael Cordero.
Román, luego realiza estudios de ciencias naturales (física y química) en el Seminario Conciliar de San Idelfonso en la calle Del Cristo del viejo San Juan, donde actualmente tiene su sede el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEA).
Destacado político y periodista, padre del autonomismo puertorriqueño -cuya actual expresión es el ELA (Estado libre y asociado)-, se opuso al asimilismo o colonialismo –lo cual representan actualmente los partidarios de la estadidad-, y también se opuso al independentismo, es decir, era una nacionalista que creía en la unión con España siempre y cuando Puerto Rico gozara de independencia política y de autonomía administrativa y el gobierno lo ejercieran “los hijos del país”, y no los “hijos ajenos” o extranjeros, refiriéndose a los españoles peninsulares.
Sin lugar a dudas que los herederos políticos de Baldorioty de Castro fueron el periodista don Luis Muñoz Rivera y su hijo don Luis Muñoz Marín, este último fue quien concretizó en Borinquén la fórmula del Estado Libre Asociado o E.L.A., es decir, la autonomía.
En 1870 le correspondió a Román Baldorioty de Castro representar a Puerto Rico ante la Asamblea Nacional hispana en condición de diputado. Fue en ese escenario político peninsular donde con el ardor de un antillano denunció la “…esclavitud de 40,000 seres humanos…”, diciendo: “Yo deploro que ninguna voz se halla levantado aquí para clamar contra la esclavitud, cuando se sabe que la humanidad esta ultrajada.”  Y luego acentúa sus palabras diciendo:
Los que niegan la libertad del esclavo, los que se complacen en remachar sus cadenas, podrán tener una piel muy blanca, pero sus conciencias… son más negras que la piel del etíope a quien se niegan redimir.  Porque el pigmento del cutis no señala diferencias de nobleza y moralidad entre los hombres.”[1]
La República española sucumbe con el golpe de estado de inspiración cuartelaría de los generales: Manuel Pavia Rodríguez de Alburquerque, Francisco Serrano Domínguez (a) El Bonito, Gabriel Baldrich, y del Almirante Juan Bautista Topete, así como los políticos: Antonio Cánovas Castillo, Fernando León Castillo, Manuel Becerra Bermúdez, Cristino Mantos, etc., quienes con ese movimiento conocido en la historia de España como “la paviada”, crearon las condiciones que hicieron posible el restablecimiento del régimen monárquico con su grosera expresión de exclusión de los territorios coloniales.
Cuando en febrero de 1873 se estableció en Puerto Rico la dictadura militar del ultraconservador general Laureano Sanz, quien conculcó todas las libertades clausurando los principales periódicos y revistas; desarticulando los gobiernos municipales, y haciendo una contrarrreforma legal, con triple r, es decir: reaccionaria, regresiva y represiva; encarcelando y persiguiendo a los autonomistas e independentistas, y, en ese momento, creyendo Baldorioty que su vida estaba en peligro, escogió el camino del exilio -como también lo hizo en ese momento “La Cantora de las Lomas”, la poetisa Lola Rodríguez de Tío, autora de La Borinqueña y con ascendencia dominicana-.
Don Román Baldorioty se establece en Santo Domingo, como antes lo habían hecho el doctor Ramón Emeterio Betances y don Eugenio María de Hostos, entre muchos otros hijos de Puerto Rico.
El polígrafo Román Baldorioty llega a nuestro país durante el gobierno del general Ignacio María González de quien luego opinará con sentido crítico: “El presidente era fabricante de pólvora y cayó por despilfarros”, aunque supongo que sus despilfarros no alcanzaron los altos niveles de ciertos politicastros que luego han gobernado nuestros países.
En la República Dominicana el maestro Baldorioty de Castro funda el colegio “El Antillano”, que personalmente dirigió, contándose entre sus alumnos a Francisco Henríquez y Carvajal.  Además fue encargado por el presidente González para fundar y dirigir la “Academia de Náutica” (1875) para la formación de los pilotos de los barcos mercantes dominicanos.
También participa de actividades políticas y se sabe que en junio de 1875 se reunieron en Puerto Plata con el general dominicano Gregorio Luperón los eminentes boricuas: los hermanos Manuel y Rafael Quesada, el doctor Ramón Emeterio Betances, José Francisco Basora, y Eugenio María de Hostos, quienes planificaron iniciar en la isla vecina una revolución independentista, enviando a tales fines a don Luis Venegas Pagan para que este preparara las condiciones para dar inicio a la rebelión.  A tales fines el señor Venegas fue embarcado en el vapor ingles Eider capitaneado por Charles Crompton, sin embargo, el espía hispano Leopoldo de Barrera denuncia la conspiración al gobernador Sanz, quien una vez enterado evita que Venegas desembarque en los puertos borincanos de Aguadilla en 13 de julio de 1875, en Ponce, Arroyo, Humacao, y Naguabo, cuando el barco ingles arribo a San Juan recibió una amenaza de bombardeo de parte de acorazado Lince, siendo Venegas obligado a desembarcar para luego ser encarcelado por casi diez meses en la cárcel de El Morro.
Enterado de los planes subversivos de Hostos y de Betances el general Sanz amenazó al presidente González con darle facilidades al caudillo dominicano Buenaventura Báez para que usara el territorio de Puerto Rico para organizar una expedición armada contra la patria dominicana, razón por la cual el presidente González procedió a complacer la demanda de Laureano Sanz: clausurar el periódico “Las Dos Antillas” que editaban los grupos independentistas puertorriqueños en nuestro país.
Durante su estadía en nuestro país se sabe que don Román Baldorioty confrontó serias limitaciones económicas, por ello, en su misiva al amigo y correligionario político puertorriqueño José Julián Acosta de fecha 9 de mayo de 1876 le expresa que en Santo Domingo se halla pasando penurias y necesidades aunque reconoce que la gente le quiere y le respeta.
Llega a decir: “En esta sociedad –la dominicana- es preciso jugar al monte –tener una finquita- para vivir alegre, trabajar como un burro para vivir como un peón.  Repugno como sabes lo primero y hago por necesidad lo segundo.”
Expresa sin tapujos que en nuestro país: “El médico suele tener alambique para fabricar aguardiente como auxiliar de la medicina”, y refiere sobre el militar que “es zapatero o sastre u otra cosa por no espichar de hambre.
Su vida era lo que ahora llamamos el pluriempleo, lo cual pone de manifiesto cuando afirma: “Me estoy preparando para hacerme (al mismo tiempo que soy director, maestro de escuela y fundador de colegio) ¡quién lo pensará! hortelano.”  Ello así porque según él:
La casa en que habito está en una cuerda de terreno.  Le sobran habitaciones y tierra.  Tiene pozo y aljibe.  Sus amplias habitaciones me inclinaron a fundar un colegio.  El hambre, Chico, me ha compelido a todo, sin embargo soy moralmente feliz en medio de mis precariedades porque mi conciencia esta altiva e ilesa.”
Luego agrega;
Los ricos negreros que truenan y triunfan ahí –refiriéndose a Puerto Rico- y mas allá no son –puedes jurarlo- más felices que yo.  Capaz soy de tenerles hasta lastima, aunque los desprecio demasiado… Recibo muestras de estimación y de respeto de esta sociedad, pobre, es cierto, pero compuesta de hombres libres ¿Qué más puedo desear?”
La Sociedad Amigos del País acogió a Román Baldorioty de Castro como uno de sus miembros honorarios, como los hizo con los/as intelectuales: los historiadores Emiliano Tejera y José Gabriel García, Josefa Antonia Perdomo Heredia, Monseñor Fray Roque Cocchia y la poetisa y educadora Salome Ureña.[2]  Esta sociedad fue fundada el 18 de mayo de 1871 por iniciativa del médico José Pantaleón Castillo (a) El Sócrates (1852-1916).[3]  En esta sociedad Baldorioty de Castro impartía clases de Ciencias Naturales.
Otras actividades desplegadas por la Sociedad fueron: Iniciar las gestiones para traer desde Venezuela las osamentas sacrosantas del padre de la patria Juan Pablo Duarte cuyos restos fueron sepultados en el país en 1878; Otorgamiento de medalla de oro a Salomé Ureña y publicación de sus poemas; Publicación de las poesías de Josefa Antonia Perdomo y de Manuel Rodríguez Objio; Publicación de la Historia de Santo Domingo de Antonio Delmonte y Tejada en cuatro tomos; Publicación de folletos sobre los Restos de Colon y sobre el Fomento de la Caña de azúcar, etc..; Realización de exposiciones artísticas;  publicación del periódico literario El Amigo del País y de la Revista El Estudio (1879); fundación de una biblioteca pública (1876), etc.
Asimismo Baldorioty de Castro, conjuntamente con Ramón Emeterio Betances, Eugenio María de Hostos, Federico García Copley –padre de Federico García Godoy-, don Manuel de Jesús Peña Reynoso, y F. Fernández de Arcila, formó parte de la “Sociedad Liga de Las Antillas” la cual tenía como sede en la ciudad de Puerto Plata una casa que le fue cedida a sus ilustres miembros por el general Gregorio Luperón.
Tras estar entre nosotros y ser parte de nuestros aciertos y desaciertos, Baldorioty de Castro  retornó a su amada patria puertorriqueña en agosto de 1878 para continuar su lucha, en donde falleció en la tranquilidad de su hogar el 30 de septiembre de 1889, sin darse cuenta de que en 1898 Puerto Rico caería bajo el dominio metropolítico de los Estados Unidos angloamericanos.
Fuentes consultadas:
Alfau Duran, Vetilio. En Clío (tres volúmenes).  Gobierno Dominicano, Santo Domingo, 1994.
Díaz Soler, Luis M.  Puerto Rico desde sus orígenes hasta el cese de la dominación española.  Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Rio Piedras, 1994.
Gautier Dapena, José A.  Baldorioty, Apóstol.  Instituto de Cultura Puertorriqueño, San Juan de Puerto Rico, 1970.
López, José Ramón.  Escritos Dispersos (dos tomos).  Archivo General de la Nación, Santo Domingo, 2005.


referencias:
[1] Discurso de Baldorioty de Castro ante la Asamblea Nacional de fecha 23 de mayo de 1870.
[2] El Lápiz, Santo Domingo, Núm. 8, 18 de mayo de 1891.
[3] Se sabe que con el nombre de “La Sociedad los Amigos del País” existieron en nuestro país otras dos agrupaciones: una fundada por Manuel María Valencia el 30 de mayo de 1846, y otra dirigida por Luis Conrado del Castillo en 1911 (Nota de Francisco Berroa).


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