sábado, 31 de diciembre de 2016

Las relaciones entre el general Juan Domingo Perón y el generalísimo Rafael Trujillo Molina

Por: Dr. Francisco Berroa Ubiera
Historiador
Generalísimo Rafael Trujillo
General Juan Domingo Perón
Rafael Trujillo y sus homólogos: los dictadores del continente
Cuando los Estados Unidos,  y de manera especial el presidente general Dwight Eisenhower, decidieron apretarle  las cuerdas a las dictaduras latinoamericanas en los años ’50, fue el momento en el cual los dictadores comenzaron a caer uno tras otro. Y el generalísimo Rafael  Trujillo decide convertirse en anfitrión internacional de sus homólogos –dictadores- caídos en desgracia: Gustavo Rojas Pinilla de Colombia quien gobierna en esa nación de 1953 a 1957; Marcos Evangelista Pérez Jiménez de Venezuela, jefe supremo de Venezuela desde el 2 de diciembre de 1952 al 23 de enero de 1958; Juan Domingo Perón de Argentina quien gobernó en ese país de 1946 a 1955; Gerardo Machado Morales de Cuba, dictador desde 1925 a 1933, y Fulgencio Batista Zaldívar de Cuba, gobernante de facto desde el 10 de marzo de 1952 hasta su huida de Cuba el 1 de enero de 1959.
De acuerdo con el doctor Joaquín Balaguer, Trujillo dispensó un trato afable y cortés a los dictadores: Gerardo Machado cuando vino al país en 1933; a Juan Domingo Perón a su llegada desde Venezuela con el derrocado general Marcos Pérez Jiménez de Venezuela en 1958, y quien había gobernado en la Argentina de 1946 a 1955; y a Gustavo Rojas Pinilla, amo de Colombia de 1953 a 1957; a los dictadores que Trujillo trato con descortesía fueron Marcos Pérez Jiménez, quien gobernó en Venezuela de 1952 a 1958, y Fulgencio Batista Zaldívar de Cuba, expulsado del poder por Fidel Castro en 1ro de enero de 1959, sobre quienes escribiremos luego.
Las relaciones entre el general Juan Domingo Perón y el generalísimo Rafael Trujillo Molina
El general Juan Domingo Perón Tras haber gobernado Argentina desde 1946 fue derrocado por un golpe de Gorilas militares en septiembre de 1955, y en octubre salía de su país con dos maletas en un hidroavión bimotor Catalina con destino a Paraguay.
Luego, el día 6 de noviembre de 1955 recaló en Panamá, en donde se mantuvo hasta julio de 1956 cuando forzosamente fue enviado a Nicaragua.   Dicha expulsión estuvo motivada en el hecho de que en julio de 1956 se produjo en el Istmo una reunión de presidentes americanos, donde participaría el presidente de los EEUU, general  Dwight  Eisenhower, para celebrar los 130 años del Congreso Anfictiónico, convocado por Bolívar en 1826. El gobierno argentino, que estaba invitado a la cumbre, puso como condición para asistir, que el general Juan Domingo Perón estuviera fuera del territorio panameño.
Fue por esta razón que el general Perón fue sacado con destino a la vecina Nicaragua entre el 20 y el 29 de julio de 1956.  Tras permanecer unos días al lado de del general Anastasio Somoza (1933-1956) –luego sucedido por sus hijos: generales Luís Somoza Debayle (1956-1967), y Anastasio Somoza Debayle (1967-1979)- , el general Juan Domingo Perón, invitado por el general Marcos Pérez Jiménez (dictador de Venezuela entre 1953-1958),  llegó a Maiquetía  el día  8 de agosto de 1956, en su mano derecha tenía un libro de 246 páginas titulado:  “La fuerza es el derecho de las bestias”,  en alusión a una frase de  Cicerón, el cual escribió durante su estadía en Panamá, y, con la mano izquierda apretaba la mano de una rubia despampanante:  María Estela Martínez Cartas, hermosa bailarina porteña a quien conoció en el  night club “Happy Land”, en Ciudad de Panamá.
 La misma María Estela Martínez Cartas (a) Isabelita, que se convertiría en su esposa viviendo ambos en España el 15 de noviembre de 1961, y luego  en la Vicepresidenta de Argentina,  y más tarde en Presidenta de su país tras la muerte de Perón  ocurrida en fecha 1 de julio de 1973.
El general Pérez Jiménez se convirtió en su anfitrión en Venezuela, pero, al producirse el golpe de estado contra Pérez Jiménez de inmediato Perón busca refugio en la embajada dominicana de Caracas  el 23 de enero de 1958.
Trujillo con su amigo Perón
El embajador dominicano doctor Rafael Filiberto Bonnelly –quien tras la muerte de Trujillo ocupa la presidencia del Segundo Consejo de Estado (enero de 1962 a febrero de 1963)-, transmite a Perón una invitación del generalísimo Rafael Trujillo para que disponga de la embajada de ese país. El 23 de enero, se traslada con Isabel a la sede diplomática de Santo Domingo donde nuestro Embajador  le otorgó salvoconducto, en donde poco después se le reunirán sus amigos y colaboradores señores: John William Cooke, Américo Barrios, Guillermo Patricio Kelly, su fiel chofer Isaac Gilaberte, su secretario privado Ramón Landajo, el periodista Enrique Oliva y Roberto Galán.  El grupo permanece en la Legación Dominicana hasta el 27, con bastante sobresalto  pues personas no identificadas perpetraron un ataque contra el edificio con armas de fuego, siendo rechazadas por el personal de custodia.  Tras una rápida consulta telegráfica con Trujillo, el embajador Bonnelly adoptará las previsiones necesarias para el traslado de Perón a Santo Domingo. El mismo día 27, a las 17:50, aborda una aeronave que lo depositará en ciudad Trujillo (actual Santo Domingo) a las 20:45.
 Lo mismo hizo su anfitrión el general Marcos Pérez Jiménez quien también corrió hacia Santo Domingo.
Gral. Pérez Jiménez
Luego llegaría Fulgencio Batista de Cuba y en Santo Domingo se formaría un club de verdaderos dinosaurios políticos, ex dictadores, bajo la presidencia de generalísimo Rafael Trujillo.
Según Balaguer el trato de Trujillo hacia Juan Domingo Perón fue muy especial, y hubo ocasiones en que aceptó sus consejos.  Balaguer explica que el general Perón había sido quien le recomendó a Trujillo no dejar envejecer a los funcionarios en sus cargos, porque según él, luego “..Se envalentonan y llegan a creerse necesarios si se les deja envejecer en sus puestos”.[1]
Juan Domingo Perón Partió de Venezuela a la República Dominicana en enero de 1958 al producirse la caída del gobierno del dictador Marcos Pérez Jiménez quien también vino al país. El mismo Perón ha dicho lo siguiente: “En Santo Domingo me alojé en el Hotel Jaragua, que era demasiado lujoso para mí y estaba lleno de americanos, y como los americanos me producen alergia y además no tenía dinero, me fui a ver a Trujillo apenas llego Isabelita a Santo Domingo."
Agregando:
Cuando me recibió Trujillo, me trasladó a un Hotel del Gobierno que se llamaba hotel Pax -luego Hispaniola-, donde vivían los funcionarios, y allí estuve un año. Me cansé y fui a verle. "Mire Jefe-le dije-voy a alquilar una casita para vivir en las afueras", y él me ofreció una quinta a orilla del mar, una quinta maravillosa, donde viví como en el paraíso terrenal.  Por la mañana paseaba entre palmeras con Isabelita y llegábamos hasta el mar. ! Era una maravilla!".[2]

El Generalísimo Trujillo con el Presidente Negro Trujillo
Incluso, Trujillo le asignó al médico internista militar coronel Clarence Charles Dunlop para el cuidado de su salud, y su edecán militar lo fue el teniente coronel Augusto Salvador Montás Guerrero, con quien trabará una relativa amistad.

Aparentemente Trujillo fue uno de los que impulsó un pacto político electoral entre Arturo Frondizi y Juan Domingo Perón a inicios de 1958.  Sobre dicho pacto se sabe que:

“ (…) El 18 de enero de 1958, a 34 días de las elecciones presidenciales, Frigerio debía reunirse con el General para ajustar la redacción del texto final y ratificar que Perón y Frondizi se habían transformados en socios para derrocar al radicalismo más conservador y al régimen de Aramburu y Rojas (…) “
“(…) El 3 de febrero de 1958, a veinte días de las elecciones, Frigerio se encontró con Perón en República Dominicana para ratificar un pacto que beneficiaba a ambas partes y transformaría en adorno político a Aramburu, Rojas y Balbín. “
“El General recibió 85.000 dólares como garantía del cumplimiento, en el cual Frondizi, como candidato ha declarado solemne y públicamente su propósito de rectificar la política económica antinacional, restablecer las conquistas del justicialismo y permitir la expresión política y sindical de la masa popular”, ordenó el Comando Táctico Peronista, por indicación del delegado Cooke, en un comunicado fechado el 13 de febrero de 1958, que la mejor forma de enfrentar la ocupación es votar por Frondizi. “
“El acuerdo secreto tenía las firmas de Perón, Cooke, Frondizi y Frigerio. Sin embargo, el candidato radical intransigente nunca reconoció el pacto firmado por su delegado en la república Dominicana. Y esa reticencia escondía una simple razón electoral: Para triunfar ante Balbín, Frondizi necesitaba la adhesión del General y los votos gorilas que pertenecían a la burguesía ilustrada. Esos votos eran la diferencia entre la victoria y la derrota, y Frondizi no iba a poner en juego su acceso al poder por un reconocimiento que podía darse en el futuro cuando las circunstancias políticas así lo indicaran (…) “
“En las elecciones presidenciales del 23 de febrero de 1958, Frondizi obtuvo el 44,9% del electorado, 133 de las 87 bancas de la Cámara de Diputados, el control total del senado y el manejo de todas las gobernaciones.”
“(…) Desde República Dominicana, Perón sonreía sin parar- A miles de kilómetros de allí, Rojas no quería ceder el poder a Frondizi, pero Aramburu evaluó su futuro políticos y rechazó la presión del jefe de la Armada. Entonces, apoyado por el Ejército, respetó la voluntad popular y el primero de mayo de 1958 entregó la banda y el bastón presidencial a Frondizi, que se comprometió a “una amplia y generosa amnistía” para sepultar todos los crímenes cometidos por la Revolución Libertadora.”[3]

Perón de compra en un supermercado de Santo Domingo
Sobre Trujillo el general Perón siempre habló con el mayor respeto y admiración porque como militar tenía sentido de lealtad absoluta.  Como se dice en el argot dominicano: “Trujillo lo sacó de la Olla”, ósea, de la pobreza  que trajo de Venezuela regalándole a su arribo la suma de US$30,000.00, y, periódicamente le obsequiaba altas sumas de dinero,  costeándole además su estadía y la de sus colaboradores en el país hasta su salida en enero de 1960, cuando según Balaguer Perón notó que a Trujillo las cosas se le estaban poniendo color de hormiga.
Sobre cómo el general argentino veía a Trujillo, Perón sostiene lo siguiente:
"Siempre le ví admirablemente vestido, y sus ademanes eran también pulcros y correctos.  Si iba de uniforme nadie llevaba mejor el uniforme, y me decía por ejemplo: “Yo sé que algunos me llaman “Chapita” porque me visto mucho de uniforme, me pongo condecoraciones y, si voy de paisano, llevo trajes impecables.  Pero si hago tanto uso de mis uniformes es porque soy el Jefe del Ejército y quiero que los oficiales de aquí, que  son más bien dejados y abandonados, me imiten y vayan correctamente vestidos.  Me gustaría andar por la ciudad  y por las calles con un pantalón y una camisa colgando como un "atorrante".  Iría más cómodo.  En este calor tropical para mí es un verdadero sacrificio ponerme todas las condecoraciones sobre mi uniforme, pero yo  soy el general y tengo que dar ejemplo a mis oficiales y soldados, y cuando el general anda mal vestido, los soldados y los oficiales van hechos unos zarrapastrosos".[4]

En la entrevista citada anteriormente, el general Perón comenta que le decía a Trujillo que promoviera obras sociales, y que él le respondió diciendo:
“Mire usted, Perón, la obra social que usted realizo en su país no puede hacerse en Santo Domingo porque la República de Argentina es muy diferente.  En la Argentina la población es blanca y procede de países europeos, mientras que en Santo Domingo el 80 por ciento es negro, y al negro no puede ayudársele con una obra social porque la destruye, la descompone enseguida.  La Argentina es un país bastante evolucionado, donde las instituciones para el bienestar social pueden funcionar normalmente.  En Santo Domingo hay que hacer algo así como una justicia social, paternal, y eso es lo que yo hago.  Yo he creado mis fundaciones.  Doy trabajo y hago trabajar a la gente.  Regalo tierras.  He comprobado que esto último no vale en Santo Domingo porque las tierras que yo regalo a los negros las venden al cabo de un año".[5]  Me preguntó Trujillo un día si yo notaba bienestar en la vida de Santo Domingo, y le conteste afirmativamente.  "Pues ese bienestar -me dijo-es el único que nosotros podemos dar y es conforme con las condiciones especiales de la población que nosotros tenemos."

Perón alababa a Trujillo y llegó a decir que era bondadoso, que perdonaba a sus enemigos.  Afirmaba:
"Yo he vivido en Santo Domingo, junto a Trujillo, y si hay alguna persona que le conozca soy yo.  Comíamos juntos una vez por semana y hablábamos horas enteras.  Le conozco a fondo.  Era un hombre paternal.  Todo el mundo le traicionaba. Ese José René Román Fernández, general hecho por Trujillo, casado con una sobrina de Trujillo, fue nombrado Ministro del ejército, y Trujillo le pregunto cómo andaba de dinero y si tenía deudas, "porque un ministro tiene que tener las finanzas en condiciones"; y ese René Román le dijo a Trujillo: " Si Jefe tengo una deuda de 300,000 dólares"; ese Rene Román a quien Trujillo pago sus deudas para que pudiera ser ministro; ese malvado (Perón emplea una expresión muy dura, que concernía a la madre del interesado) ese es el que hizo la revolución y tramó el asesinato de Trujillo."
"Los que mataron a Trujillo eran hombres que habían comido con él, que le habían dado lo que eran y que habían rastreado los pies de Trujillo como culebras".[6]

Sobre la muerte de Trujillo Perón indica lo siguiente:  "Murió heroicamente.  Andaba siempre solo y su chofer le advirtió: "Jefe, voy a dar marcha atrás porque son muchos.  Y el contesto: "No señor usted se para y vamos a pelear."[7]
Según Balaguer al producirse de la llegada al país del nuncio de su santidad Lino Zanini a fines de 1959, de inmediato Perón le escribió para informarle sobre el peligro que existía con la llegada del nuevo representante de la Iglesia Católica, porque en su experiencia, a la llegada de Zanini a la Argentina se produjo su derrocamiento. Aunque de acuerdo con Bernardo Vega el Zanini de Perón era otro y él estaba confundido.
Perón con Isabelita, detrás su edecán militar
Como el mismo Perón ha comentado en la entrevista citada él llegó a sugerirle a Trujillo reformas sociales con las cuales creía estabilizaría más su régimen. Trujillo las desestima por prejuicios raciales. Como también rechazó que Perón desfilara con un grupo de obreros al cumplirse el 25 aniversario de la adopción de su título de “Benefactor de la Patria”. 
Algunos cronistas de la época llegaron a decir que Trujillo le pidió a Perón que estuviese a su lado en el palco presidencial cuando se produjo el desfile militar con motivo del 27 de febrero de 1959, y juntos presenciaron la marcha de los militares y de las carrozas alegóricas a la importante efeméride patria.
En 1959 se produjeron las expediciones de Constanza, Maimón y Estero Hondo con el respaldo del régimen cubano comandado por Fidel Castro de quien se ha dicho que era peronista.[8]
En enero de 1960 Trujillo recibió la visita de dos emisarios del imperio norteamericano: su socio y amigo William Pawley y el senador demócrata por La Florida George Smathers, quienes trataron de convencer a Trujillo para que abandonara el país y abriera paso a la democracia. Pero todavía Rafael Trujillo creía que estaba montado en un tigre, [9] tal y como le había dicho a uno de sus amigos: el ex dictador de Venezuela general Marcos Pérez Jiménez, según narra Flor de Oro Trujillo la primera hija del Dictador dominicano:
Corría el año 1960.  Los dictadores habían caído como bolos luego de la Segunda Guerra Mundial, pero cuando un asistente del ya derrocado dictador Marcos Pérez Jiménez le sugirió a Trujillo “retirarse”, este rey entre los caudillos le respondió bruscamente: “Estoy montado sobre un tigre y si me caigo me comerá”. Hasta Trujillo tuvo que haberse dado cuenta de que ya estaba acorralado, pero, aún así, se aferró al poder, como la magnificencia de un animal enloquecido, montado sobre ese tigre.”[10]

Al ver el cielo tan nublado el general Juan Domingo Perón decide su salida del país, partiendo hacia España en un avión de La compañía aérea VARIG de Brasil el día  27 de enero de 1960.

Referencias:


[1] Balaguer.  Memorias, P. 260.
[2] Entrevista de EFE para Excélsior de México, 1967.
[3] Jorge Busti.  El mito de la fortuna de Juan Domingo Perón. http://www.informedigital.com.ar/secciones/opiniones/61016-el-mito-de-la-fortuna-de-juan-domingo-peron.htm
[4] Entrevista de EFE para Excélsior de México, 1967.
[5] Ibídem.
[6] Ibídem.
[7] Ibídem
[8] “Cuando tenía 21 años Fidel Castro estuvo cerca del peronismo, aceptó dinero peronista para una campaña antiimperialista de extensión continental y se relacionó con agentes políticos y sindicales enviados desde Buenos Aires a La Habana.”
“Sin embargo, esa relación tuvo corta vida porque aunque Castro se identificaba con muchas de las ideas centrales de Perón, al final prevaleció su desconfianza hacia un caudillo militar.”
“Muchos años más tarde, Castro explicó por qué motivo su vinculación con el peronismo no prosperó, a pesar de que respaldaba “sus apelaciones a las masas, su lucha contra los oligarcas”. Fue, dijo Castro, “porque la mayoría de nuestra prensa, copiando las consignas de los Estados Unidos, había inculcado durante años en nosotros, esas reservas”.
 Rogelio García Lupo.  Periódico Clarín, 26 de noviembre de 1916.
[9] Bernardo Vega.  1999.  Los Estados Unidos y Trujillo: los días finales, 1960-61: colección de documentos del Departamento de Estado, la CIA y los archivos del Palacio Nacional Dominicano.  .  Publicaciones de la Fundación Cultural Dominicana.  Santo Domingo
[10] Trujillo, Flor de Oro (2009), Memorias, p. 21.

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